Acerca del tema (para crear un cuento)...





¿Cuáles temas son adecuados para un cuento?



La anécdota es, de hecho, la tentación más grande para el cuentista. No es sino hasta que ha pasado largo tiempo en su oficio, cuando realmente el escritor endurece su corazón a las anécdotas. Y sospecho que es por una sabia razón que el escritor experimentado las evita: la anécdota es una cosa terminada en sí misma, y lo único necesario parece ser ponerla ya en el papel. En la práctica esto es lo malo. La mente del escritor es como un suelo de labranza, y la idea es la semilla: crece en su mente, se hincha y echa brote en su imaginación, lo excita mientras está ahí, inquieta; despierta otras células que se agitan y bailan y forman figuras, y combinaciones extrañas; toca las células de la memoria, las células del deseo, provoca –en la geografía no cartografiada del cerebro- una fermentación burbujeante que finalmente, como el licor del arte, se desborda. Ha de ser purificado y madurar y pasar después por todo un cuidadoso proceso. Pero ahí está en su forma prístina. La anécdota, en cambio, está ya terminada y completa; por lo que respecta a sus efectos sobre el suelo de la mente, en general, es una semilla vana.


La Literatura se hace a golpe de pluma, en privado; es un asunto secreto, una comunión privada con nuestros demonios. Todo escritor , mientras escribe, es un cavernícola, un chamán, un yerbero.


Obviamente, antes de que cualquiera de estas semillas se convierta en árbol, deben darse dos cosas: el verbo se hará carne, y la carne se parecerá al padre. En otras palabras, las personalidades creadas darán vida a la fábula y parecerán proyecciones de la personalidad del creador. La verdad es que el escritor imagina su tema a su imagen y semejanza. Por ello, el tema de toda historia es eternamente virginal: nada vivo se ha escrito nunca antes. También es cierto que el escritor elige (o imagina) temas semejantes durante toda su vida. Los escritores tienen cien esposas y todas siguen un patrón. No es un tema lo que el hombre escribe: se escribe a sí mismo. Y no lo puedo decir con demasiada frecuencia.


El cuentista moderno, entonces, no prescinde ni del incidente ni de la anécdota ni del argumento con todos sus accesorios, sino que ha cambiado su naturaleza. Todavía hay aventura de la mente; hay suspenso, pero es menos nervioso que emocional o intelectual; hay sorpresa, y mucha, pero ya no es la sorpresa de quien abre la puerta y se le viene encima un cadáver, sino la de quien abre un armario y se le viene encima un esqueleto; hay clímax, pero no es el de una mujer que descubre en una caja de sombreros sus joyas perdidas, sino el de la que descubre en un recuerdo su felicidad perdida; hay artificio, pero no es el del gánster que engaña a su enemigo, sino el del ciudadano que engaña a su amigo. Una escena de cajón en los viejos cuentos de aventuras es cuando el héroe desenmascara al villano; en los cuentos modernos, la escena de cajón es cuando el autor desenmascara a su héroe; o bien, como en el caso de Chéjov, cuando el héroe se desenmascara a sí mismo.



Sean O'Faolain: On subject (1951) en The short story, pp. 171-192

Poesía [cuentística] y más tips...




  • El cuento no se escribe a martillazos, sino que debe incluir una musicalidad interna, claro, de acuerdo al hecho narrado o tema y a sus momentos dramáticos. Esto implica que nunca debe darse a publicar un cuento sin haberlo escuchado varias veces. Cuando nos lo lee otra persona, logramos alejarnos como autores o padres del cuento y realmente lo descubrimos, y también sus problemas como pueden ser los de ritmo y musicalidad y, a veces, de contenido.


  • Si la poesía es prima hermana del cuento, el cuentista también debe practicarla, es decir, tener su gimnasio de poesía. Conseguirse un manual de poesía y ver cómo se escriben los poemas, qué medida tienen, qué es un endecasílabo, qué es el verso alejandrino, qué es un soneto. No se trata, necesariamente, de poemas que el cuentista va a publicar, sino tan sólo para adquirir recursos poéticos (no sólo imágenes) que, sin que lo piense, de pronto van a fluir en su cuento y le van a ayudar al ritmo, a la musicalidad, a comprimir escenas, descripciones de personajes, sensaciones de estos, etcétera. Y, tal vez, por qué no, luego de un buen tiempo, de tanto poema escrito en el gimnasio, puede tener en sus manos un breve poemario.


  • En narrativa, el lirismo contenido produce magia. El lirismo sin freno, trucos. (Erskine Caldwell)


  • Nadie realmente lo comprende ni nadie ha dicho el secreto. Ese secreto es que [el cuento] se trata de poesía, escrita como prosa, y que es lo más difícil de hacer. (Ernest Hemingway)


  • El poeta [cuentista] no es un iluminado. No es la voz de la tribu ni el portador de verdades canónicas. Es un modesto artesano del lenguaje. Su lar es la palabra. A ella se debe. Y la fragua desde el silencio creador. (Jorge Teillier)


  • El poema [cuento] es un ejercicio de economía verbal. La poesía [cuentística] es un cedazo contra la verborrea, la enfermedad más peligrosa del lenguaje, ya que anula pensar claro y distinto, indispensable para la consistencia de la emoción proyectada por la palabra. Lo brilloso es la antítesis de lo brillante. (Jorge Teillier)


  • Quien escribe debe amar las letras y eso, por necesidad incluye respetarlas


  • Los cuentos están hechos de reflejos. Escribir la historia del otro nos ayuda a entender nuestra propia imagen en el espejo.


  • Stevenson da consejos útiles, como el de distribuir en los relatos escenas visualmente vividas, que estimularán al lector como si las hubiera visto, y que se fijarán en su memoria como si las hubiera soñado. Para escena de acción rápida, violenta, usen un estilo acorde. Eviten las frases largas, los verbos auxiliares, los gerundios, los adverbios teminados en mente. (Adolfo Bioy Casares)


500 tips para nuevos cuentistas del siglo XXI, Guillermo Samperio, Berenice manuales.