3 de septiembre de 2008

LA CITA

Mi abuela hablaba de la envidia como si se tratara de cáncer. El trabajo diario de cada persona, debería llevar incluida una hora forzada para ejercitar la autoestima. Está cabrón cargar nuestras propias limitaciones, y luego tener que soportar además, los traumas, problemas y frustraciones ajenos.

Me tendré que inmunizar contra personalidades primitivas, cuadradas y repugnantes. Que no soportan cargar sus complejos. Y que al mirar: que otros saben aceptar su realidad, crecer a un ritmo inalcanzable (para los limitados) y disfrutar los momentos de felicidad que han logrado a fuerza de su propio empeño; se enloquecen y plasman en palabras su valor como personas.

¡Muéranse de la envidia! Cancerosos.

A otra cosa mariposa...

Pasemos y demos un paseo, por las imágenes remotas de unas vacaciones. En un lugar que tiene paraísos escondidos, rincones misteriosos, y costumbres variadas. Dos veces fui a descansar mi osamenta por allí. Prometí regresar, y lo haré.

Por el momento me voy con la mente a curiosear, llevo calzado ligero y un morral. Ojalá encuentre unos pendientes discretos, adornados con pequeñas piedras amarillas (de esas que son comunes en esa región). Me las colocaré para estrenar el vestido de algodón amarillo, sin mangas. Usaré sandalias de tacón alto. Recogeré mi pelo por arriba de la nuca (para lucir los pendientes). En una de las bancas por un lado de la iglesia, sentada te esperaré. No hay prisa, llegará ese día.

Yop...

No hay comentarios: